En la Prensa

Precauciones con Teresa y El Mudejarillo - José Jiménez Lozano © Confluencias Editorial 2020
Sábado 07 de marzo de 2020 | Fuente:

Jiménez Lozano, uno de nuestros raros

  • La editorial Confluencias publica ‘Precauciones con Teresa’  y ‘El mudejarillo’, de José Jiménez Lozano.
  • Dentro de la raquítica tradición literaria católica que tenemos en España, este autor ocupa un lugar relevante .
  •  Ha tenido un sólo problema y es el de no hacer carrera literaria en Madrid o Barcelona y haberse quedado en la provincia .

Las pequeñas editoriales son hacedoras de algo parecido al milagro, que en este ámbito toma la forma de la resurrección. Digo esto porque editoriales como Confluencias llevan años recuperando textos raros y esenciales de nuestra literatura, tal la obra de José Jiménez Lozano (Langla, Ávila.1930) de quién esta casa editora ha publicado 7 parlamentos en voz baja; Impresiones provinciales. Cuadernos; Memorias de un escribidor y Cavilaciones y melancolías. Ahora se descuelga con dos obras publicadas hace años en editoriales de baja distribución y, por lo tanto, prácticamente inencontrables, Precauciones con Teresa, que publicó la Junta de Castilla y León, y El mudejarillo, que editó Anthropos en 1992, en un solo tomo.

Son narraciones que tienen como protagonistas a Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, que es junto a Miguel de Molinos, a quien estudió con cierta fruición José Ángel Valente, dos de los grandes místicos de nuestra literatura, dos narraciones donde se proclama la condición de miembros de familia conversas de los dos carmelitas, que en su tiempo, un tiempo de exaltación religiosa e iluminista que la Iglesia oficial veía con malos ojos a la espera propicia de un castigo ejemplar. Les vino de perlas con las luchas fratricidas luteranas que amenazaban con dividir el Imperio en Europa y que revolucionaron las bases de la fe cristiana. Teresa es una de nuestras grandes prosistas y Juan de la Cruz nuestro poeta de la Luz por excelencia y, por tanto, patrón de los poetas españoles, lo que no deja de ser un sarcasmo en un hombre maltratado en su tiempo  hasta el punto de tener que ser asistido en grave situación por intervención de Teresa de Jesús, lo que le salvó la vida.

Y se me podrá replicar cómo justifico ese ser preterido de Jiménez Lozano si fue premiado, entre otros galardones, con el Premio Nacional de las Letras Españolas y en 2002, con el Premio Cervantes, el más importante en lengua castellana. Una vez más, los premios tiene que ver poco con la literatura, a quién quieren corresponder, sino bajo forma de pálido reflejo, y esto a veces en el mejor de los casos. Jiménez Lozano, y esto me lo parece desde hace muchos años, ha tenido un sólo problema y es el de no hacer carrera literaria en Madrid o Barcelona y haberse quedado en la provincia, y además en una en la que su compañero Miguel Delibes era el único indiscutible, y todo ello por mor de que en las capitales de provincia sólo cabe uno, siendo dos multitud. Para ahondar más en la cosa, pongamos un ejemplo que nos avisa de tamaña extravagancia: la última novela de Delibes que fue aclamada como una de las mejores, sino la mejor de sus novelas, según algunos, fue publicada cuando el autor ya había pasado el ecuador de la madurez en su obra y no se le esperaban maravillas. Delibes, entonces, realizó cierto ejercicio de prestigitación publicando El hereje, que trata de la quema de iluministas en Valladolid, aviso certero de la Inquisición durante el reinado de Carlos V y que el autor llevó a cabo describiendo las peripecias de Cipriano Salcedo, un comerciante que se interesa por las tesis luteranas y que sirve a Delibes para describirnos un fresco de las luchas religiosas, abortadas antes de que llegaran a formularse siquiera, que se estaba librando en la Península y que la Inquisición segaría a sangre e hierro para convertir la nación en martillo de herejes.

Lo que en Delibes es descripción del pensamiento herético, es visto desde fuera y, por eso, en Jiménez Lozano llega  ser más sutil y ello se explica quizá porque dentro de la raquítica tradición literaria católica que tenemos en España, lo que en principio puede parecer contradictorio pero no lo es si la comparamos con la francesa o la italiana, Jiménez Lozano ocupa un lugar relevante. Si este hombre hubiera nacido en Francia se mediría con escritores católicos como François Mauriac o Julien Green, o italiano, desde luego, aunque esté en otra onda menos futurista, con Giovanni Papini o Vittorio Mesoni, pero en España un autor católico típico es José María Pemán. Con ello está todo dicho.

Precauciones con Teresa y El mudejarillo son obras escritas con un lenguaje desnudo, en eso como en tantas otras cosas, Jiménez Lozano y Delibes coinciden. Transparente, al modo periodístico, grandes periodistas fueron los dos en El Norte de Castilla, con una información precisa y escueta que oculta un gran conocimiento sobre el tema, lo que implica una discreción sin límites.

Jiménez Lozano, uno de nuestros escritores secretos.

 

Fuente: www.cuartopoder.es


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Viernes 08 de noviembre de 2019 | Fuente:

El Tánger de Fernando Castillo

«Un cierto Tánger» realiza una aproximación física, histórica y literaria a una ciudad que fue un modelo de apertura a todas las ideas, de liberalidad y diversidad.

En el equipaje del viajero no suele faltar la típica guía donde se sugieren visitas imprescindibles y lugares de hospedaje, libación y compras. Lecturas más prácticas que literarias. Es encomiable el afán de editoriales como La Línea del Horizonte o Confluencias por recuperar clásicos o publicar obra nueva de un género que explora el alma de esos destinos más allá del horario de apertura y el precio de sus atracciones. Confluencias ha lanzado la colección Zocos, libros de bolsillo que son una delicia: la Roma de Julien Gracq, el Londres de Paul Morand, el San Sebastián de Fernando Savater, El Cairo de Gérard de Nerval, la Florencia de Harold Acton… o el Tánger de Fernando Castillo.

Prolífico y fino ensayista de la cultura y la historia contemporánea, Castillo también se ha ejercitado en los libros de viajes (su Atlas personal, editado por Renacimiento, es de este mismo año). En Un cierto Tánger realiza una aproximación física, histórica y literaria a una ciudad que fue un modelo de apertura a todas las ideas, de liberalidad y diversidad. La ciudad de William Burroughs y de la Generación Beat, de Paul Bowles (el autor de El cielo protector vivió allí desde 1947 hasta su muerte en 1999) y de Ángel Vázquez, cuyo personaje Juanita Narboni describe lo que fue el Tánger Internacional: «Mira, mi bueno, gracias a Dios hemos nacido en una ciudad donde no somos ni del todo cristianas, ni del todo judías, ni del todo moras. Somos lo que quiere el viento». Un Tánger, señala Castillo, convertido hoy en zoco para «turistas ávidos por lo exótico» e «impostados místicos que ignoran que el pasado es único».

 

Fuente: www.abc.es


Lugares del Holocausto © Confluencias Editorial 2019
Martes 05 de noviembre de 2019 | Fuente:

Para entender el Holocausto

“Los lugares del Holocausto” ofrece al lector un crudo viaje al epicentro de este episodio exterminador para acercarlo a la comprensión de sus causas.

Para entender el Holocausto hay que acercarse. Huir de las florituras y de la retórica. Analizar los conceptos, viajar al origen y examinarlo. Por eso José Sánchez Tortosa, Fernando Palmero, Raúl Fernández Vítores y Alberto Mira Almodóvar se definen como observadores. ¿Observadores? Sí, aquellos que, desligados de un acontecimiento, tratan de entenderlo desde la metodología clásica; emprender la búsqueda del conocimiento material huyendo de la carga emocional. Porque los sentimientos, escriben en su nueva obra, impide una aproximación racional a los hechos.

En Los lugares del Holocausto (Confluencias editorial) -el tercer trabajo conjunto de Tortosa, Palmero, Fernández Vítores y Mira Almodóvar, que presentarán en diciembre en el Centro Sefarad-Israel-, los autores retratan su viaje por los seis campos de exterminio nazi levantados en la Polonia ocupada y el erigido por el Estado croata ustasha en Jasenovac. Miles de kilómetros de horror que, para no banalizar, describen con la misma economía lingüística empleada en sus testimonios por quienes allí fueron tratados como mercancía de muerte, despojados de su condición humana mediante la legislación y condenados al exterminio y asesinados por su propio Estado.

Significativo de cómo los autores arman su relato es su crítica hacia “la simbología emotiva” construida en el lugar donde se levantaron algunos campos. Entienden que ciertos monumentos sobre el terreno usurpan el espacio de lo ocurrido, convirtiéndose en un estorbo que desvía el horror y, por ende, su comprensión. Así, en Auschwitz, “un parque temático (…) un centro de ocio con bares, pizzerías y tiendas”, los turistas pasan de largo del bloque 11 ignorando que allí se llevó a cabo el primer ensayo de asesinato masivo con Zyklon B; ignorando quizá por extensión cómo el nazismo puso la ciencia al servicio del genocidio e ignorando, con toda seguridad, el proceso de perfeccionamiento de un sistema “experimental industrial de eliminación de residuos humanos mediante el uso de cámaras de gas y crematorios” en el que hubo que sortear problemas logísticos como la mejora del drenaje de la grasa humana en los hornos. Un proceso refinado hasta el extremo de convertir en cenizas a 3.000 personas en un lapso de menos de dos horas, como sucedía en Sobibor, y basado en la experiencia eugenésica de los programas de asesinato de enfermos mentales y discapacitados.

Es esta condición, la de la sobriedad, la de la crudeza, imperiosa para abordar el Holocausto desde las causas que para los autores complementan la motivación judeófoba de este acontecimiento exterminador. Que no son otras que las militares y económicas. Con la guerra extendiéndose cada vez por más territorio, el régimen nacionalsocialista baraja diversos proyectos para crear para su población aria el más perfecto estado del bienestar. Así pues, la Shoá no solo responde a la necesidad ideológica del Estado Alemán de aplicar su programa político, sino a la necesidad económica de aplicar su programa demográfico y ayudar a financiar la guerra. Baste apuntar que el expolio de los bienes y del patrimonio de la comunidad judía que acabó en las arcas del Tercer Reich sirviera para financiar el 5% del gasto total de la guerra. La solución final fue el punto de partida para el nuevo propósito con el objetivo de purificar la raza aria y mantener un ejército que se desplegaba a una velocidad de vértigo. La instauración por el estado de un modelo de aniquilación de parte de la población civil en el que participaron, se beneficiaron o permitieron otros “sujetos humanos”. Porque, no lo olvidemos, “el Holocausto es un acto humano. Demasiado humano”.

Para conmemorar el Holocausto basta un momento. O un memorial. O una exposición. O La lista de Schindler. Sin embargo, para entenderlo…

 

Fuente: www.elmundo.es

 


Cavilaciones y melancolías - José Jiménez Lozano © Confluencias Editorial 2018
Martes 20 de noviembre de 2018 | Fuente: diariodecadiz.es

Cavilaciones y melancolías

«Recordar a los difuntos es otro de los modos de escapar de este claustrofóbico encierro en nuestro tiempo».

El día de los difuntos debería ser el día de la cultura. Como la Iglesia no doblegada a los imperativos del momento, la auténtica cultura es uno de los modos de escapar a la claustrofóbica condición de vivir encerrado en nuestro tiempo. Otro es el recuerdo de nuestros difuntos, que puede ser tan intenso y tan íntimo como para sentirlos aquí, junto a nosotros, opinando como si tal cosa de nuestros problemas, si se los consultamos. En realidad, los tres ámbitos, Iglesia, familia, cultura, están íntimamente relacionados y el 2 de noviembre -no hay dos sin tres- es un día perfecto para conmemorarlos. (más…)


Transiberiano - Albert Thomas © Editorial Confluencias 2017
Jueves 12 de abril de 2018 | Fuente: Biblioteca SGE

Transiberiano. La conquista del este

Biblioteca SGE (Sociedad Geográfica Española)

El texto que ahora nos presenta la Editorial Confluencias ha sido extraído de Russie, race colonisatrice, impressions de voyage de Moscú a Tomsk, publicado en Le Tour du Monde, en 1905, un año más tarde de la inauguración del tren Transiberiano, escrito por Albert Thomas, futuro ministro y dirigente socialista. Con poco más de veinte años, este joven de origen humilde recibe como premio a la Excelencia Académica un billete para el Transiberiano por parte de la Compañía Wagon-Lits. Así, Thomas se embarca en esta «gigantesca casa rodante» para recorrer la gran espina dorsal de 9.259 km que atraviesa siete husos horarios entre Moscú y Vladivostok, construido tras trece años de obras, en las que murieron numerosos convictos y soldados debido a las durísimas condiciones que requirió su construcción. Ningún otro viajero podía mejor que Albert Thomas medir la importancia del ferrocarril en la metamorfosis de la sociedad. Nos descubre que el tren no sólo es un medio moderno de cambio de mercancías, como se le consideraba demasiado a menudo en la época, sino un factor poderoso para quebrantar las jerarquías sociales. Y que el objetivo de la construcción del Transiberiano fue la colonización de las tierras vírgenes de Siberia por campesinos de la Rusia Occidental; una verdadera «conquista del Este» que se lee con el placer de las buenas historias.


Memorias de un escribidor - José Jiménez Lozano © Confluencias Editorial 2018
Jueves 12 de abril de 2018 | Fuente: www.abc.es

«Maestro Idro Huidobro», Jiménez Lozano apócrifo

En «Maestro Idro Huidobro. Memorias de un escribidor» el autor es solo el poso de los textos leídos. En la obra conviven y hablan Angélique Arnauld, Platón, Kierkegaard, Emily Brontë, Tolstoi y Cervantes

El universo es una biblioteca. Y el viaje una lectura. Eso debió pensar el maestro Huidobro en su convalecencia. Los libros de su biblioteca, como a Ahab Moby Dick, lo habían malamente baldado. ¿Quién iba a pensar que unos libros pudieran atacar así a su propietario?Y, «¿en qué ocasión ocurrió esa desgracia?», le preguntará el cordelero Miguel al verlo un tanto tullido? «Estando colocando en los vasares de la librería unos libros, otros estaban esperando tranquilamente encima de la escalerilla, como otras veces, y de repente ellos y las escalerilla se precipitaron juntamente sobre este pobre escribidor, me derribaron y me hirieron». (más…)