«Un cierto Tánger» realiza una aproximación física, histórica y literaria a una ciudad que fue un modelo de apertura a todas las ideas, de liberalidad y diversidad.

En el equipaje del viajero no suele faltar la típica guía donde se sugieren visitas imprescindibles y lugares de hospedaje, libación y compras. Lecturas más prácticas que literarias. Es encomiable el afán de editoriales como La Línea del Horizonte o Confluencias por recuperar clásicos o publicar obra nueva de un género que explora el alma de esos destinos más allá del horario de apertura y el precio de sus atracciones. Confluencias ha lanzado la colección Zocos, libros de bolsillo que son una delicia: la Roma de Julien Gracq, el Londres de Paul Morand, el San Sebastián de Fernando Savater, El Cairo de Gérard de Nerval, la Florencia de Harold Acton… o el Tánger de Fernando Castillo.

Prolífico y fino ensayista de la cultura y la historia contemporánea, Castillo también se ha ejercitado en los libros de viajes (su Atlas personal, editado por Renacimiento, es de este mismo año). En Un cierto Tánger realiza una aproximación física, histórica y literaria a una ciudad que fue un modelo de apertura a todas las ideas, de liberalidad y diversidad. La ciudad de William Burroughs y de la Generación Beat, de Paul Bowles (el autor de El cielo protector vivió allí desde 1947 hasta su muerte en 1999) y de Ángel Vázquez, cuyo personaje Juanita Narboni describe lo que fue el Tánger Internacional: «Mira, mi bueno, gracias a Dios hemos nacido en una ciudad donde no somos ni del todo cristianas, ni del todo judías, ni del todo moras. Somos lo que quiere el viento». Un Tánger, señala Castillo, convertido hoy en zoco para «turistas ávidos por lo exótico» e «impostados místicos que ignoran que el pasado es único».

 

Fuente: www.abc.es