Rincones de la Infancia © Editorial Confluencias 2025

Historias infantiles en el extrarradio de Madrid

En este libro el autor se acerca con distancia prudencial y afecto a esa época de la vida en la que damos los primeros pasos, aprendemos a hablar, a leer y a elaborar emociones y afectos que sustentarán nuestro futuro. Se recrea y con agudeza muestra la problemática social y cultural de esa época que contextualiza en la que sobresalen las escasas proyecciones humanas debido a la influencia franquista.

Escenas de una vida infantil en el extrarradio de Madrid, en proceso de crecimiento con la construcción de edificios de pisos en hilera, el horizonte que se divisa a lo lejos. Con rigor de analista y siguiendo el protocolo de la revisión exhaustiva, conocemos a su familia,amigos, primeros estudios, el barrio y el centro de la ciudad en una época triste, pobre y llena de dificultades para las familias sencillas provenientes de la España rural. El trabajo diario, el esfuerzo y las pequeñas conquistas domésticas (un frigorífico, una lavadora) conducirán al desarrollismo que permitirá una vida más holgada y el deseado bienestar. La honradez, los valores, la aplicación en la tarea y el afán de superación, serán las señales que permitirán la aparición de una clase profesional competente.

Los contemporáneos que se acercan a cada uno de los capítulos, catorce, que integran la obra, acompañan con una sonrisa al reconocimiento de lo vivido: la enciclopedia Álvarez, el traje blanco de almirante para la primera comunión,  la terrorífica extirpación de amígdalas o los destellos de una Navidad feliz.Con una prosa cuidada, realista que se acerca y aleja de los hechos que narra para focalizar los más significativos, escrito en primera persona, hay en cada anécdota  una mezcla de tristeza y ternura que nos permite reconocernos y recordar lo ya olvidado.

De la mano de Machado y con presencia de Valle-Inclán, la picaresca, el Lazarillo, Pío Baroja y Quevedo, el autor construye un imaginario real y verídico entre el documental y el yo lírico que cierra algunos capítulos y que es a la vez testimonio y denuncia. El paso del tiempo impide reconocer lo ya vivido, cuando apenas nos permitían decir que somos quien somos.

Historias y anécdotas que centran temáticamente cada uno de los capítulos, sin dejar detalle. El niño tímido, formal y estudioso que reúne la fortaleza necesaria para salir de donde después le cuesta reconocer en un arranque de nostalgia.La sinceridad es un atributo de los valientes, la no ficción se combina con la autobiografía en un combinado de palabras y acciones creíbles. La voz se convierte en narrador coral, que recoge el acento del nosotros.

Marisa Madieri, ha escrito un clásico contemporáneo acerca de los recuerdos de la infancia, Verde agua. Si Coetzee y Tolstoi escriben infancia y después juventud, puede que leamos del autor que no “cede al miedo” siguientes episodios, y desde su habitación particular, su lugar retirado, nos recuerde a los oriundos de pueblo, crecidos en la gran ciudad, que la injusticia de la desigualdad puede ser una señal para el recuerdo y la nostalgia de la memoria, porque una infancia, cualquier infancia, es un tesoro.

Homenaje a Alfonso Ussía - La escritura indomable 2025

Alfonso Ussía. La escritura indomable

El mejor homenaje a Ussía

Me he leído el libro en poco más de catorce horas en las que están incluidas las que dediqué a dormir la noche del pasado martes al miércoles. He quedado admirado por el trabajo colectivo.

Debo confesar mi admiración por lo que han hecho en honor de Alfonso Ussía el periodista Julio Valdeón y su hijo Alfonso J. Ussía. En poco más de dos meses y medio han reunido a algo más de sesenta autores para escribir sobre Ussía –y Alfonso Javier reconoció en la presentación el martes que por el desconcierto de las prisas se le había quedado fuera un autor, Chapu Apaolaza. Como hemos informado en El Debate, el libro, que les recomiendo encarecidamente, se titula Alfonso Ussía. La escritura indomable, Editorial Confluencias. Estará disponible a partir del 1 de diciembre.

Me he leído el libro en poco más de catorce horas en las que están incluidas las que dediqué a dormir la noche del pasado martes al miércoles. He quedado admirado por el trabajo colectivo. Puede haber detalles que se repiten, pero en conjunto, todos los artículos aportan. Y los escriben una pluralidad de autores, algunos de los cuales digamos que tienen una relación difícil. Incluso alguno de ellos con el propio Alfonso Ussía. Escuchar en una presentación patrocinada por su amigo Pedro Trapote en el Hotel Wellington de Madrid las intervenciones de Alfonso Javier y de Julio fue emocionante. Como lo fueron las de Arturo Pérez-Reverte y Jaime Ussía, hermano de Alfonso.

Se quedó un poco coja la anécdota que contó Jesús García Calero, director de ABC Cultural -yo sí te cito, Jesús, no como haces tú-. La historia es que durante años quienes querían invitar a almorzar o cenar a Don Juan, recurrían a Alfonso como mejor vía para llegar al Señor. Y Alfonso, en beneficio propio, decía a todos que tenían que dar a Don Juan percebes, que eran su plato favorito. Tras el décimo condumio consecutivo, en el coche después de levantar mesa, Don Juan estalló diciendo que no entendía por qué le daban siempre percebes si él los odiaba. Y Alfonso confesó que los pedía para su propio disfrute. Hasta ahí la anécdota contada en el acto. Faltaba el estrambote. Según me contó la persona sentada a mi lado en la presentación del libro y que iba en ese mismo coche, Don Juan reaccionó a la información que le facilitó Alfonso diciéndole que le iba a comprar un kilo de percebes. «Muchas gracias, Señor», habría respondido Ussía. Pero Don Juan añadió: «Y te los voy a meter uno a uno por…» donde el sol nunca brilla.

Este es un libro colectivo en el que participan varios periodistas que han sido sus directores en uno u otro medio: Bieito Rubido, Luis María Ansón, Carlos Herrera… y son bastantes los que hoy publican en ABC. Si no he contado mal, más de una docena. Todos hacen justificados elogios de Alfonso, como no puede ser de otra forma si quieres participar en un libro de homenaje. Pero después de esa exaltación, ni uno solo menciona que Alfonso Ussía es desde hace más de cuatro años un columnista de El Debate. Más que nada por decir dónde se le puede leer. Algo que puede interesar a quien compre un libro sobre él. Es como si ahora se dedicase a la floricultura en lugar de satisfacer el interés de decenas de miles de lectores cada día. Con su pan se lo coman.

Pero lo importante es el testimonio de tantos periodistas sobre uno de los más grandes columnistas del periodismo español en su Historia.

 

Ramón Pérez-Maura

Barbara-Gunz-Garcia_Maldonado

Bárbara Gunz. Donde la historia arde.

El alma del sur en ‘Barbara Gunz’, lo nuevo de Rafael Maldonado

Rafael Maldonado (Coín, Málaga, 1981) recurre a su álter ego, Guillermo Garcés de Aldana, para narrar una historia de amor y guerra en una época teñida de oscuridad. Una novela ambiciosa que lo confirma como una de las firmas más sólidas de Andalucía.

Luz de agostoEl tiempo recobradoCartas a Milena Las bostonianas, de William FaulknerMarcel ProustFranz Kafka y Henry James respectivamente, dan inicio y preámbulo a una novela que su autor con acierto expresivo ha titulado Barbara Gunz. Desde la cubierta del libro, la imagen de una bella mujer nos interpela con su actitud desafiante y sensual. Un acierto editorial y fiel reclamo a adentrarse en la historia que nos quiere contar Rafael Maldonado.

Apenas unos días de la presentación del libro en la Casa de la Cultura de Coín, su pueblo y el mío, termino de leer la última página, número 544, y me encuentro deseando volver a empezar desde el principio para aprehender en mi memoria los datos que va desgranando con pericia el narrador, a la vez que quisiera recrearme en el exquisito lenguaje literario que da forma, estilo y cuerpo a los personajes y al paisaje con que los envuelve tan magistralmente.

Empieza y termina esta novela con el discurso del narrador, alter ego del autor del libro.

Se confiesa Rafael Maldonado admirador de Onetti, su referente literario —dice—, es por eso que no puedo evitar comparar su prosa novelesca existencialista, coincidente en profundizar en las biografías del ser humano moderno. Ambos le dan importancia al entorno social en que se desarrollan sus vidas, las normas morales impuestas y planteamientos existenciales de cada personaje creado, ¡reales como la vida misma!

Se desarrolla la acción en tiempos distintos, guerra y posguerra, tremendas épocas en las que los valores sociales contrastan profundamente por la inevitable evolución en el tiempo. El comienzo de la guerra civil española en 1936 hasta el año en que el narrador, decide el fin del relato, el año 2004. Los personajes caminan entre los pueblos del sur de España, su memoria histórica, llevando consigo prejuicios, valores e intrahistorias capaces de conmover a cualquiera por empatía. Nos lleva con su relato delicioso y satírico a la vez a tiempos pretéritos pero cercanos, donde la guerra martirizaba por igual a los pueblos del sur y a la resistente capital madrileña.

Eran batallas, sentires y luchas íntimas y político-sociales descritas desde la finísima sensibilidad con la que ha dotado el autor de Barbara Gunz a sus personajes. De lo personal, el amor y la intimidad a las circunstancias sociales, todo ello descrito con pasión de padre literario. Vive y hace vivir la violencia del momento, las contradicciones y la belleza del corazón humano.

Destaco de esta narración la veracidad en las descripciones de los personajes del sur de principios de los años treinta. Se describe con una fidelidad abrumadora, hombres de todas las clases sociales, sin juzgarlos. Lleva al extremo actitudes de poder y sumisión en las relaciones de género, cuando dice: «Supuso que su mujer estaría, como casi siempre tras los latigazos propios de castigo marinero, dormitando entre sollozos de dolor y humillación en la cama que tenía el matrimonio en el piso de abajo, para invitados que hace años que no eran tales» (p. 142).

Después de haberle pegado brutalmente, la buscaba y, llegando hasta el párroco, poderosa autoridad del momento, dice: «Fue entonces cuando Mateo el párroco supo decirle sin palabras que su deber era imponerse, de la misma forma que Dios se imponía sobre todas las almas temerosas: recelando de su poder omnímodo, decidiendo sobre la vida y también sobre la muerte, incluso cuando las adversas circunstancias —como era aquella época fúnebre de Majer— impidiesen distinguir bien una de otra» (p.145).

El personaje de Mario Suz, en busca de su propio destino, viaja a la capital después de muchos años: «Estaba Suz en el Madrid de 1958 y a la vez estaba en la guerra que había terminado en todas partes salvo en su cabeza. Tenía la vida resuelta en el sur (incluida la pena moral por la azarosa participación en el bando perdedor gracias al poder de su familia)» (p.213).

Cuánta verdad hay en los personajes de la novela. Llama la atención la fidedigna descripción de hombres y mujeres que, sin pudor, exhiben la soez costumbre de fumar a todas horas, en todas partes, sin restricciones ni miramientos.

Humanismo en sus personajes: ante el dolor, la belleza del paisaje, el arte y la empatía de los demás. Uno de los personajes: «Tardó más de la cuenta en llegar hasta el pequeño piano, que más parecía un clavecín del barroco en espera de Bach o de Vivaldi, y en esos segundos largos creyó que habían pasado por su cabeza los de toda una vida, la suya propia, incluyendo su niñez tan lejana» (p. 175).

La literatura de Maldonado, como la de Onetti, se sumerge en el existencialismo y el realismo descarnado. Su narrativa evoca también el estilo de Faulkner, con el uso de la memoria y el tiempo como elementos esenciales en la construcción de la historia. Al igual que Proust, la prosa de Maldonado detalla minuciosamente los recuerdos y la psicología de los personajes, mientras que la influencia de Kafka se hace presente en la exploración de la angustia y la alienación humana. En su retrato de la sociedad y la lucha de géneros, se puede rastrear la huella de Henry James, con la minuciosa disección de las relaciones de poder. Esta combinación de influencias lo convierte en un narrador contemporáneo de gran calado, capaz de transportar al lector a un mundo tan real como literario.

En la novela está muy equilibrada la aparición de los personajes femeninos y masculinos: mujeres poderosas que vivieron momentos históricos en que las relegaban a la sumisión y tareas domésticas, hombres cultos o ignorantes del pueblo llano que debían mantener el control de la mujer y la familia a toda costa, con un alto perfil autoritario. Es, sin embargo, la pasión el hilo conductor, protagonista de principio a fin.

Es una buena novela, que cumple con creces la misión de entretener, informar y dejar memoria escrita de una época en España y, sobre todo, en el mundo rural de los pueblos del sur.

© Por AURORA GÁMEZ ENRÍQUEZ 

Fuente: republicadelasletras.acescritores.com 

Mírame - Manuel Alberca © Editorial Confluencias

Un espejo oblicuo

Un espejo oblicuo

¿Por qué y para qué se retratan los pintores? ¿Por qué interesan sus autorretratos a los espectadores? Este libro trata de responder estas preguntas y muchas más. El autorretrato es un ejercicio obsesivo, pasional y creativo. Al espectador puede provocarle atracción, rechazo o indiferencia, pero al observar el rostro representado le surgen interrogantes, porque detrás hay siempre una historia que desvelar. Además de informar de las claves de este enigmático género y de sus principales maestros, como Dürer, Anguissola, Rembrandt, Courbet, Goya, Ensor, Munch, Schiele o Kahlo, entre otros,

Manuel Alberca nos cuenta cuál fue el origen de su libro Mírame. Enigma y razón de los autorretratos (Confluencias).

Mírame - Manuel Alberca © Editorial Confluencias 2025

Normalmente la idea de un libro se gesta en un proceso o experiencia intelectual, pero, a veces, también (al menos en este caso), es fruto de un esfuerzo físico. Mírame: Enigma y razón de los autorretratos surge, por supuesto, de la pasión por este género pictórico, pero sobre todo de tantas, prolongadas y extenuantes visitas a museos y exposiciones, peleándome con mis propias limitaciones físicas. Pero mejor será contar cómo comenzó todo. Hace años, de manera inopinada, sin premeditación consciente, en las visitas a museos y exposiciones comencé a fijarme solamente en este tipo de obras. No sé si esto ocurrió para abreviar el tiempo de la visita, para no dispersarme ante tantas obras admirables o simplemente para tener un hilo conductor y no perderme. Tampoco fue ajeno a esta elección el hecho de padecer una fascitis plantar provocada por un espolón calcáneo… Así que la necesidad de no castigarme demasiado, y atenuar tan insidioso dolor, se hizo virtud de especialista medio cojo. De esta manera he visitado el Prado y el Thyssen de Madrid, el Louvre y los Uffizi, los museos de Londres, Berlín y Nueva York, y otros muchos más.

En estas visitas fui alimentando secretamente una pasión íntima por los autorretratos pictóricos, que con este libro quiero hacer pública para compartirla con los lectores. Sí, ya sé que todas las pasiones tienen algo de obsesivo y adictivo, pero me tranquiliza que esta pasión tenga ilustres precedentes que le redimen a uno más que cualquier terapia o tratamiento psicológico. Por ejemplo, en el siglo XVII, el cardenal Leopoldo de Medici, cuando era aún joven, a los 18 años, comenzó su colección de autorretratos. En realidad, en aquel momento todavía no existía la palabra, que aparecería en el siglo XIX en la mayoría de las lenguas europeas. Leopoldo llegó a reunir en torno a ochenta, de los más destacados pintores italianos. A su muerte en 1675, se haría cargo de la colección su sobrino Cosme III de Medici, duque de Toscana, que la conservaría y la uniría a la suya, incorporando también pintores de otros países europeos. Cosme compró un autorretrato al mismísimo Rembrandt pocos meses antes de que el genio de Leiden muriera en Ámsterdam. La colección del florentino, continuada posteriormente por sus herederos, se convertiría en la Meca para los artistas del género, y todos aspirarán a formar parte de tan prestigiosa colección de autorretratos. En 1865 esta colección se integró en la Galleria Uffizi de Florencia, instalándose posteriormente en el famoso Corridoiro vasariano, que une, sobre el Ponte Vecchio, el museo con el palacio Pitti.

Mírame - Manuel Alberca © Editorial Confluencias 2025

Sin embargo, si me preguntan por qué me interesan los autorretratos me veo forzado a razonar una respuesta. De hecho, este libro abunda en explicaciones, pero, ¿quiere que le diga la verdad? La verdad es que no estoy seguro de haberla encontrado. Lo único que sé y he comprobado a lo largo de los años de contemplarlos y analizarlos es de su poder seductor e hipnótico. Los artistas desde el otro lado del espejo nos abducen y embaucan con sus miradas. A pesar de este escollo, en el libro trato de responder a la serie de interrogantes que lo motivan: ¿por qué y para qué se retratan los pintores? ¿Cuáles son las reglas de este género? ¿Qué nos atrae o repulsa del rostro que miramos en un autorretrato? ¿Por qué nos acaban interesando? Este libro trata de responder estas preguntas y otras más que nos hacemos al contemplar un autorretrato, porque detrás de una imagen hay casi siempre una historia o un misterio por desvelar.

Dice el lema publicitario del Centro Botín de Santander que “el arte cambia tu mirada”. Por cierto, este centro dedica este año una completa retrospectiva a la obra de Maruja Mallo (una artista que se autorretrató en su famoso lienzo La verbena (1927), pero de manera continua y frecuente en sus auto-fotos). Parafraseando el lema del centro santanderino, yo creo que la pintura y las artes en general nos enseñan a ver lo real con otra profundidad y descubrir matices que se nos escapan a la adocenada mirada consuetudinaria. En este sentido creo que los autorretratos logrados nos obligan y nos facilitan mirar al otro de una manera íntima y, en una suerte de juego de miradas especulares, a mirarnos a nosotros mismos como otro.

El libro obedece al objetivo implícito en su título: desentrañar o aclarar el enigma de los autorretratos. Lo hago en dos direcciones. La primera es la del ensayo personal: lo que a mí me dicen los autorretratos y, claro, aduzco y utilizo razones subjetivas que a mí me valen. La segunda es la informativa en el plano histórico y estético, pero debo aclarar que este libro no es un tratado exhaustivo ni lo pretende: aportó las coordenadas históricas y filosóficas en las que situar el fenómeno del autorretrato y las bases para contextualizar mi ensayo. El género del autorretrato, al menos como hoy lo entendemos, es fruto del Renacimiento, que, con su visión antropocéntrica y de culto al individuo creador, alimentó el arte de este periodo, poniendo en el centro la figura del artista. Por primera vez, al menos de manera tan decidida, el hombre se va a considerar dueño y maestro de sí mismo y del mundo. La identidad, el yo y sus representaciones plásticas estaban llamadas a ocupar un papel destacado en el arte de este periodo. Sin embargo, ello no quiere decir que los artistas y artesanos medievales, e incluso anteriores, no tuviesen conciencia de su individualidad creadora, porque en muchos casos estos solían utilizar su autorretrato a manera de firma; es decir, reproducían su rostro para subrayar la propiedad de la obra que acababan de realizar.

Pero, quizá, el primer y dramático autorretratista fue Narciso, el personaje mitológico, que pereció al quedar fijo y extasiado, contemplándose en el espejo del agua. Atrapado por su propia imagen, quedó mortalmente herido. La versión actual del Narciso la representan los autores de selfies, que pagan a veces con la muerte su osadía de retratarse en poses y situaciones de riesgos. Según la Fundación iO, desde comienzos de 2008 hasta julio de 2021 se habían contabilizado, al menos, 379 muertes al tratar de inmortalizar su imagen con el teléfono móvil entre los imprudentes practicantes de esta plaga. Ciegos en su narcisismo, como el personaje mitológico, no vieron el peligro que corrían.

Para terminar realizo una suerte de galería personal de siete salas con mis autorretratistas favoritos. Aunque no están todos los que podrían estar, los que figuran acreditan una genialidad soberbia a la hora de mostrarse en una serie de autorretratos, con los que terminan haciendo una autobiografía plástica de su derrotero vital. Los elegidos son Sofonisba Anguissola, Rembrandt, Courbet, Ensor, Munch, Schiele y Kahlo, pero en las páginas precedentes aparecen otros maestros del género como Van Eyck, Dürer, Artemisa Gentileschi, Goya, Picasso o Lucien Freud, entre otros muchos. En todos ellos se nos revela una común fascinación que va más allá del simple exhibicionismo o narcisismo (que también se encuentra, por supuesto), pero sobre todo en ellos anida la secreta e irreductible necesidad de verse y ser vistos, de reconocerse y ser reconocidos, de quererse y de ser queridos. El autorretratista se muestra con la esperanza de ser mirado, y lo demanda, porque sabe que el yo propio no existe sin relación con los otros.

La contemplación de centenares de autorretratos nos enseña que cualquier persona se parece a todas y que cualquier ser humano, en su singularidad, resume, muestra o esconde a todos los seres humanos. Solamente la parcialidad y la distancia con que observamos a los otros hacen que nos parezcan singulares y extraños. Al mostrase no como son, sino como se ven, los pintores aceptan el desafío más arriesgado. Si se ven con presuntuosa perfección, el ejercicio puede devenir en un gesto frívolo, narcisista o megalómano. Si se muestran débiles o vulnerables, el resultado es de modestia, humillación o penitencia. Estas obras pictóricas hablan de sus autores, pero nos hablan directamente a los espectadores como pocas lo hacen: nos ofrecen un espejo oblicuo en el que mirarnos y reconocernos.

Jane Goodall - La Vielle © Editorial Confluencias

Jane Goodall, esperanza, ciencia y un legado.

«Un legado que nos llama a la acción»

Desde la dirección editorial de Editorial Confluencias queremos rendir un homenaje profundo y lleno de gratitud a Jane Goodall, una mujer que dedicó su vida a escuchar y observar la naturaleza con paciencia, respeto y ternura, y que se convirtió en símbolo de esperanza para millones de personas. Su fallecimiento, el 1 de octubre de 2025, nos deja conmovidos, pero también con la certeza de que su huella es indeleble y seguirá iluminando caminos.

Jane Goodall revolucionó la ciencia y el modo de mirar a los animales. En 1960, en la reserva de Gombe, Tanzania, se acercó a los chimpancés sin prejuicios ni protocolos rígidos, y los observó como individuos con emociones y personalidades propias. Fue testigo de cómo utilizaban herramientas, cómo cuidaban a sus crías, cómo establecían lazos de afecto y también conflictos. Aquellas observaciones cambiaron para siempre la frontera que separaba a los humanos de otros primates, y nos recordaron una verdad esencial: no estamos solos en la trama de la vida.

Jane Goodall - 60 años en Gombe © Editorial Confluencias 2015

Más allá de sus hallazgos científicos, Jane se convirtió en una voz incansable de la conservación y la acción social. Fundó el Jane Goodall Institute y el programa educativo Roots & Shoots, que hoy moviliza a miles de jóvenes en todo el mundo para emprender proyectos en favor de las personas, los animales y el planeta. Su mensaje fue siempre claro: cada gesto cuenta, y cada persona puede marcar la diferencia.

Hasta el final de su vida, siguió viajando, escribiendo y hablando con la misma energía apasionada que la caracterizó siempre. Basta recordar dos momentos recientes para sentirla viva entre nosotros: en enero de 2025, un reportaje titulado “Un año inolvidable para Jane Goodall y su Instituto en España” contaba cómo, con 90 años, visitó más de 27 países para sembrar esperanza y compromiso. Y unos meses antes, en la antesala de la COP16, advertía con firmeza: “el tiempo apremia”, exigiendo a los líderes mundiales que actuaran frente a la crisis ambiental. Jane fue, al mismo tiempo, faro de inspiración y voz de urgencia.

En Editorial Confluencias tuvimos el honor de acompañar parte de este legado a través de dos títulos que hoy resuenan con más fuerza que nunca: Conversaciones con Jane Goodall, donde su voz íntima y cercana se despliega en diálogo, y 60 años en Gombe – Un tributo a más de seis décadas de investigación, educación y conservación de la vida salvaje, una obra coral que celebra su trayectoria científica y humana en el lugar donde todo comenzó. Estos libros son hoy no solo testimonio, sino invitación: a seguir escuchando, a seguir aprendiendo, a seguir cuidando.

Jane Goodall - 60 años en Gombe © Editorial Confluencias 2015

Jane Goodall recibió más de 160 premios internacionales y decenas de doctorados honoris causa. Fue nombrada Dama del Imperio Británico, galardonada con el Premio Príncipe de Asturias, la Medalla Hubbard de la National Geographic Society y el Templeton Prize. Pero lo que realmente define su legado no son los reconocimientos oficiales, sino la forma en que su vida inspiró a generaciones enteras a mirar la naturaleza con otros ojos.

Hoy, desde Confluencias, sentimos la responsabilidad de mantener viva su voz. Queremos seguir difundiendo historias que unan ciencia y emoción, que nos recuerden la belleza del mundo vivo y la urgencia de protegerlo. Jane Goodall nos enseñó que la esperanza no es ingenuidad, sino una decisión valiente de actuar pese a la adversidad.

Su recuerdo no debe ser solo nostalgia, sino impulso. Porque, como ella misma dijo tantas veces, todavía tenemos tiempo, si elegimos actuar juntos. Esa es la herencia que nos deja: un llamado a la acción, un canto a la vida, una invitación a no rendirse jamás.

Tratado del primer engaño © Editorial Confluencias

La lengua como herramienta política

«La lengua como herramienta política»

En esta época de esplendor del engaño y autoengaño, un magistral y erudito ensayo del doctor en Filosofía Raúl Fernández Vítores aborda los orígenes y desarrollo del encuentro urbano entre los hombres. Encuentro –de choque– en el que el autor, a través de una tetralogía culminada a modo de summula con Controlar e intimidar: el riesgo posmoderno (Confluencias, 2022), lleva vertiendo sus reflexiones sobre el mundo contemporáneo durante las últimas tres décadas.

Este tratado se ofrece estructurado a la manera de un tríptico, que presenta y propone en cada uno de sus pliegues una tesis. Partiendo de ellas, accedemos al análisis de una mutación en el lenguaje y su desarrollo desde su origen hasta hoy: una transformación profunda en la forma de percibir mayoritariamente el lenguaje, que ha hecho de éste «un lenguaje entendido como herramienta política».

¿De dónde proviene el engaño (falta de verdad en lo que se dice; acto de dar a la mentira apariencia de verdad; hacer que otro crea lo que no es)? ¿Y el autoengaño, como automatismo frente al miedo y la esperanza? ¿Son inherentes a la naturaleza humana? ¿Es necesario su concurso? ¿En qué grado? ¿Qué lugar ocupan en las diferentes culturas a lo largo de la historia de las relaciones humanas? Estos interrogantes, y su consecuencia en la sugerente hipótesis de que «los sacrificios son el fundamento de cualquier urbanidad», son por los que transita el análisis de Fernández Vítores, que nos brinda estancias de reflexión desde donde atisbar y acercarnos a entender algo del complejo manejo humano del mundo.

Por: Alberto Mira Almodóvar